Cada botella de Cuarentaiseis Cromosomas es el resultado de un proceso donde nada se deja al azar. Desde el momento exacto de la recolección hasta el último nudo de esparto.

JAÉN
Veranos interminables entre olivos
Hay recuerdos que no se borran. El sonido de las cigarras al mediodía. El olor de la tierra mojada después de la tormenta de agosto. Las manos del abuelo partiendo pan y echando un hilo de aceite recién prensado por encima.
Cuarentaiseis Cromosomas nació de esos veranos. De tardes que parecían no acabar nunca. De mañanas en el campo con los pies llenos de tierra roja.
De la certeza de que aquel aceite que tomábamos de niños no se parecía a nada de lo que encontrábamos después en la ciudad.

UN NOMBRE QUE LO DICE TODO
¿Sabías que el olivo tiene 46 cromosomas?
Los mismos que tú
No es una casualidad. Es un vínculo. El olivo y el ser humano comparten la misma estructura genética fundamental. Los antiguos griegos lo llamaban el árbol de la vida. Para nosotros siempre fue algo más simple: familia.
Cuando buscábamos un nombre para este proyecto, no hizo falta buscar mucho. Cuarentaiseis Cromosomas es la forma más honesta de decir que este aceite y tú estáis hechos de la misma tierra.
LAS MANOS DETRÁS DE CADA BOTELLA
Más que un aceite. Un equipo.

El campo
Los olivos que dan vida a este aceite crecen en Jaén. Variedad picual. Cuidados durante todo el año con la paciencia que exige un producto que solo se cosecha una vez.

El artesano
Cada botella se forra a mano con esparto natural por artesanos de Jaén. Una tradición milenaria que protege el aceite y lo convierte en una pieza única. Ninguna botella es igual a otra, como ninguna mano es igual a otra.

La idea
Cuarentaiseis Cromosomas nació de la necesidad de compartir algo que siempre estuvo ahí: un aceite que sabe a infancia, a campo y a las cosas bien hechas. Nuestro único objetivo es que llegue a tu mesa exactamente como lo recordamos.
No hacemos aceite para vender. Vendemos aceite para seguir haciéndolo.
EN LO QUE CREEMOS
Tres principios. Sin negociación.
Sin prisas
La cosecha temprana es una decisión de paciencia. Recogemos en octubre, cuando la aceituna aún está verde y concentra lo mejor de sí. Menos cantidad. Más calidad. Siempre.
Sin atajos
Prensado en frío. Sin química. Sin mezclas. Lo que llega a la botella es exactamente lo que la naturaleza ha creado. No añadimos nada. No quitamos nada.
Sin pretensiones
No pretendemos reinventar el aceite de oliva. Solo queremos hacer uno que esté a la altura de los que probábamos de niños. Uno que cuando lo pruebes, entiendas la diferencia.

